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viernes, 30 de diciembre de 2011

Ecología superficial y ecología profunda





Los movimientos de la ecología superficial y la ecología profunda: un resumen.

Autor: Arne Naess

R E S U M E N :
Arne Naess incluyó este resumen en su presentación en la Tercera Conferencia Mundial para el Futuro de la Investigación, Bucarest (Rumania) el 3 de Septiembre de 1972. Después de la Segunda Guerra Mundial el impacto ambiental de la sociedad industrial se hizo cada vez más evidente. Frente a ello, Arne Naess señala que las ciencias ambientales reaccionaron principalmente procurando remediar los síntomas con una aproximación tecnológica preocupada exclusivamente por controlar la contaminación y buscar formas sustentables de extracción de los recursos naturales. Esta aproximación, que no abordaba las causas sociales y culturales responsables de tales síntomas, fue denominada por Naess “ecología superficial”. En contraste con esta aproximación ”superficial”, Naess introdujo el término “ecología profunda” para caracterizar una aproximación que aborda no solo los síntomas, sino también las causas culturales subyacentes a la crisis ambiental, criticando los supuestos metafísicos, sistemas políticos, estilos de vida y valores éticos de la sociedad industrial.

Este artículo fue originalmente publicado con el título The Shallow and the Deep, Long-Range Ecology Movements: A Summary por Arne Naess en 1973 (Inquiry 16: 95-100). Esta traducción fue preparada por Ricardo Rozzi y Christopher Anderson.



Las regulaciones ecológicamente responsables debieran preocuparse solo en parte de problemas como la contaminación y el agotamiento de los recursos naturales. Existen preocupaciones más profundas que involucran los principios de diversidad, complejidad, autonomía, descentralización, simbiosis, igualdad y justicia social.
La emergencia de los ecólogos desde su relativa oscuridad marca un punto de cambio en nuestras comunidades científicas. Sin embargo, su mensaje ha sido distorsionado y mal utilizado. Un movimiento superficial, pero actualmente poderoso, y uno profundo, pero menos influyente, compiten por nuestra atención. Haré un esfuerzo por caracterizar ambos movimientos.

  1. El movimiento de la ecología superficial
Combate la contaminación y el agotamiento de los recursos naturales. Objetivo central: la salud y la vida opulenta de los habitantes de los países desarrollados.

  1. El movimiento de la ecología profunda

    (1)Rechaza la imagen del hombre-en-el-medio ambiente en favor de la imagen relacional, de campo-total. Considera a los organismos como nudos en la red biosférica o campo de relaciones intrínsecas. Una relación intrínseca entre dos cosas, A y B, es tal que la relación pertenece a las definiciones o constituciones básicas de A y de B, de manera que en ausencia de la relación, A y B ya no son las mismas cosas. El modelo de campo-total no solo disuelve el concepto del hombre-en-el-medio ambiente, sino también el concepto de toda cosa “en” su medio (excepto cuando se refiere a un nivel superficial o preliminar de comunicación).

    (2) Igualdad biosférica, en principio. La cláusula “en principio” se inserta porque cualquier praxis realista necesita alguna muerte, explotación y supresión. El ecólogo de campo adquiere un respeto profundo, incluso una reverencia, por modos y formas de vida. Alcanza una comprensión desde dentro, un tipo de comprensión que otras personas alcanzan solo respecto a sus compañeros humanos y para un reducido espectro de modos y formas de vida. Para el ecólogo de campo, la igualdad de derecho a vivir y florecer es un axioma de valor intuitivamente claro y manifiesto. Su restricción a los seres humanos constituye un antropocentrismo con efectos nocivos sobre la calidad de vida de los seres humanos mismos. Esta calidad depende en parte del profundo placer y satisfacción que experimentamos al compartir con otras formas de vida. Los intentos por ignorar nuestra dependencia ecológica y por establecer una relación amo-esclavo han contribuido a la alienación del hombre respecto de sí mismo. La igualdad ecológica implica la reinterpretación de la variable “grado de hacinamiento” en la investigación futura, de manera que se considere seriamente el hacinamiento y la pérdida de calidad de vida de los mamíferos en general y no solo de los humanos. (La investigación acerca de los altos requerimientos de espacio libre de ciertos mamíferos ha sugerido, incidentalmente, que los teóricos de la urbanización han subestimado en gran parte los requerimientos de espacio-vital por parte de los humanos. Los síntomas del hacinamiento, tales como neurosis, agresividad, pérdida de tradiciones, son en gran medida los mismos entre todos los mamíferos).
 (3) Principios de diversidad y de simbiosis. La diversidad aumenta las potencialidades de sobrevivencia, las probabilidades de nuevos modos de vida, la riqueza de formas. Y la así llamada lucha por la supervivencia, y la supervivencia del más apto, debería ser interpretada en el sentido de la capacidad para coexistir y cooperar en interrelaciones complejas, más que el sentido de la capacidad para matar, explotar y suprimir. “Vive y deja vivir” es un principio ecológico más poderoso que la exclusión “o bien tú o bien yo”. Este principio de exclusión entre “tú o yo” tiende a reducir la multiplicidad de formas de vida, y también a generar destrucción dentro de las comunidades de especies biológicas. En cambio, las actitudes inspiradas en la ecología favorecen la diversidad de modos de vida humana, de culturas, de ocupaciones, de economías.
Tales actitudes sustentan la lucha contra formas de invasión y dominación económica y cultural, tanto como militar, y se oponen al aniquilamiento de focas y ballenas, tanto como al de tribus o culturas humanas.

(4) Postura anticlasista. La diversidad de formas de vida humana se debe en parte (con o sin intención) a la explotación y a la supresión por parte de ciertos grupos. El explotador vive de forma diferente que el explotado, pero ambos son afectados adversamente en sus potencialidades de autorrealización. El principio de diversidad no justifica diferencias debidas puramente a actitudes o comportamientos forzadamente bloqueados o restringidos. Los principios de igualdad ecológica y de simbiosis sustentan la misma postura anticlasista.
La actitud ecológica favorece la extensión de los tres principios anteriores a cualquier grupo de conflictos, incluyendo aquellos entre las naciones en vías de desarrollo y las naciones desarrolladas. Estos tres principios recomiendan también una cautela extrema respecto a
cualquiera de los planes totales para el futuro, excepto aquellos que sean consistentes con una diversidad amplia y que permitan la continua diversificación en igualdad de clases.

(5) Combate la contaminación y el agotamiento de los recursos naturales. En esta lucha los ecólogos han encontrado poderosos aliados, pero algunas veces en perjuicio de su postura global. Esto ocurre cuando la atención se centra en la contaminación y el agotamiento de los recursos naturales más que en los otros puntos relevantes, o cuando se implementan proyectos que reducen la contaminación pero aumentan daños de otro tipo. Por ejemplo, si los precios de las necesidades vitales aumentan debido a la instalación de artefactos anticontaminación, las diferencias de clase también aumentan. Una ética de la responsabilidad implica que los ecólogos no sirvan al movimiento de la ecología superficial, sino al de la ecología profunda. Esto es, no solo debe considerarse el punto (5), sino que los siete puntos en su conjunto.
Los ecólogos son informantes irreemplazables en cualquier sociedad, cualquiera sea su color político. Si están bien organizados, los ecólogos tendrán el poder para rechazar trabajos en los cuales se someten a instituciones o planificadores con perspectivas ecológicas limitadas. En la situación actual, los ecólogos sirven algunas veces a amos que deliberadamente ignoran las perspectivas más amplias.

(6) Complejidad, no complicación. La teoría de ecosistemas contiene una importante distinción entre lo que es complicado sin una Gestalt o principio unificador (podríamos pensar en encontrar nuestro camino a través de una ciudad caótica) y aquello que es complejo.
Una multiplicidad de factores que interactúan en mayor o menor grado de acuerdo a leyes, pueden operar en conjunto para formar una unidad, un sistema. Hacemos un zapato o usamos un mapa o integramos una variedad de actividades en un patrón de día laboral.
Los organismos, los modos de vida y las interacciones en la biosfera en general exhiben un nivel tan alto de asombrosa complejidad que dan origen a la colorida perspectiva de los ecólogos. Tal complejidad nos lleva inevitablemente a pensar en sistemas vastos. También estimula nuestra nítida y continua percepción acerca de la profunda ignorancia humana respecto a las interrelaciones biosféricas y, por lo tanto, respecto a los efectos de nuestras perturbaciones.
Aplicado a los seres humanos, el principio de “complejidad- no-complicación” favorece la división del trabajo, no de la fragmentación del trabajo. Favorece acciones integrales en las cuales se involucra la persona en su totalidad, no meras reacciones. Favorece economías complejas que integran una variedad de medios de vida. (Las combinaciones de actividad industrial y agrícola, de trabajo manual e intelectual, de oficios especializados y no especializados, de actividad urbana y rural, de trabajo en la ciudad y recreación en la naturaleza con recreación en la ciudad y trabajo en la naturaleza...).
Favorece la técnica prudente y la investigación futura prudente, menos pronósticos y más clarificación de posibilidades. Más sensibilidad hacia la continuidad de tradiciones vivas, y –lo más importante– hacia nuestro estado de ignorancia.
La implementación de regulaciones ecológicamente responsables en este siglo requiere un crecimiento exponencial de nuestra habilidad técnica y de invención, pero en nuevas direcciones; direcciones que no son consistente y libremente apoyadas por los programas y organismos responsables de las políticas de investigación en nuestras naciones.

(7) Autonomía local y descentralización. La vulnerabilidad de una forma de vida es aproximadamente proporcional al peso que tengan influencias remotas, desde fuera de la región local donde tal forma ya ha alcanzado su equilibrio ecológico. Esta afirmación apoya nuestros esfuerzos por fortalecer el autogobierno local, y la autosuficiencia material y mental. Estos esfuerzos presuponen, sin embargo, un ímpetu hacia la descentralización.
Los problemas de contaminación (incluyendo aquellos de la contaminación térmica y reciclaje de materiales) también nos conducen en esa dirección, debido a que la mayor autonomía local reduce el consumo de energía, si somos capaces de mantener otros factores constantes. (Compárese una localidad casi autosuficiente con una que requiere la importación de alimentos, materiales para la construcción de viviendas, combustible y mano de obra especializada desde otros continentes. La primera localidad podría utilizar solo un 5% de la energía empleada por la segunda localidad).
La autonomía local se fortalece por una reducción del número de eslabones en la cadena jerárquica de toma de decisiones. (Por ejemplo, una cadena que consiste de un comité local, un concejo municipal, una asamblea de toma de decisiones a nivel subnacional, una institución representativa de una provincia en una federación estatal, un ministerio gubernamental nacional federal, una coalición de naciones y de instituciones, tales como la Comunidad Económica Europea, niveles topes y una institución global, pueden ser reducidas a una cadena compuesta de un comité local, una institución nacional y una institución global). Incluso si las decisiones se rigen por votaciones mayoritarias en cada paso, muchos de los intereses locales van desapareciendo en el transcurso de la cadena, si esta es demasiado larga.


Resumiendo, debiera considerarse primeramente que las normas y tendencias del Movimiento de la Ecología Profunda no se derivan de la ecología por reglas lógicas o de inducción. El conocimiento ecológico y el estilo de vida del ecólogo de campo han sugerido, inspirado y fortalecido las perspectivas del Movimiento de la Ecología Profunda. Muchas de las formulaciones en los siete puntos anteriores son más bien generalizaciones vagas, que solo se sostienen si se hacen más precisas en ciertas direcciones. No obstante, a través de todo el mundo la inspiración derivada de la ecología ha demostrado convergencias notables. Este análisis no pretende ser más que una de las posibles codificaciones condensadas de estas convergencias.
En segundo lugar, debería apreciarse que los principios significativos del Movimiento de la Ecología Profunda son clara y forzosamente normativos. Ellos expresan un sistema de prioridad de valores basado solo en parte sobre resultados (o falta de resultados, véase el “Punto 6”) de la investigación científica. Hoy, los ecólogos intentan influir sobre quienes toman las decisiones basándose principalmente en amenazas y predicciones acerca de la contaminación y el agotamiento de los recursos, debido a que los políticos y tomadores de decisiones aceptan al menos ciertas normas mínimas relacionadas con la salud y la distribución equitativa. Pero está claro también que en todos los países existe un vasto número de personas e incluso de gobernantes que aceptan como válidas las normas más amplias y los valores característicos del Movimiento de la Ecología Profunda. Existen potencialidades políticas en este movimiento que tienen poco que ver con la contaminación y el agotamiento de los recursos, y que no deberían ser pasadas por alto. En la visión acerca de futuros posibles, las normas debieran ser libremente utilizadas y elaboradas.
En tercer lugar, los movimientos ecológicos merecen nuestra atención en tanto ellos sean ecofilosóficos más que científico-ecológicos. La ecología es una ciencia limitada que utiliza métodos científicos. La filosofía es el foro de debate más general sobre fundamentos, tanto
descriptivos como prescriptivos, y la filosofía política constituye una de sus subsecciones. Por una ecosofía me refiero a una filosofía de armonía ecológica o equilibrio ecológico. Una filosofía es un tipo de sophia o sabiduría, es abiertamente normativa y ella contiene ambos: (1) normas, reglas, postulados, enunciados de prioridades valóricas, y (2) hipótesis acerca de la naturaleza de nuestro universo. La sabiduría incluye la prescripción y la política, no solo la descripción y la predicción científica.

Los detalles de una ecosofía exhibirán muchas variaciones debidas a diferencias significativas relativas no solo a “hechos” de la contaminación, los recursos, la población, etc., sino también a prioridades de valores. Sin embargo, los siete puntos enumerados anteriormente proveen hoy un marco unitario para los sistemas ecosóficos.
En la teoría general de sistemas, los sistemas se conciben principalmente como elementos que interactúan y se interrelacionan en términos de causalidad o funcionalidad. Una ecosofía, sin embargo, se asemeja más a un sistema del tipo construido por Aristóteles o Spinoza. Se expresa verbalmente como un conjunto de aseveraciones con una variedad de funciones, descriptivas y prescriptivas. La relación fundamental se establece entre subconjuntos de premisas y subconjuntos de conclusiones a través de relaciones de derivación. Las nociones relevantes de derivación pueden ser evaluadas según el rigor de sus deducciones lógicas y matemáticas, pero también de acuerdo a cuánto es implícitamente supuesto como dado. Una exposición acerca de una ecosofía debe ser necesariamente solo moderadamente precisa considerando el amplio espectro de material ecológico y normativo (social, político, ético). En este momento, la ecosofía podría usar beneficiosamente modelos de sistemas, aproximaciones gruesas de sistematizaciones globales. Es su carácter global, no las precisiones en detalle, lo que distingue a una ecosofía. Ella articula e integra los esfuerzos de un equipo ecológico ideal, un equipo compuesto no solo por científicos de una gran variedad de disciplinas, sino también por humanistas y por quienes toman las decisiones de las políticas ambientales.
Bajo el nombre de ecologismo, varias desviaciones del movimiento profundo han sido ensalzadas, principalmente aquellas que presentan un énfasis unilateral en la contaminación y el agotamiento de los recursos naturales, pero también con una negación de las grandes diferencias entre países sub y sobre desarrollados a favor de una aproximación global vaga. La aproximación global es esencial, pero las diferencias regionales deben determinar en gran medida las políticas y regulaciones en los años venideros.