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viernes, 8 de junio de 2012

GEO 5





GEO5
















Fotografía: Pedro Vidal Gayoso

Resumen para
responsables de políticas


Primera edición, realizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente en el 2012

Copyright © 2012, Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente


El quinto informe Perspectivas del Medio Ambiente Mundial (GEO 5) proporciona un análisis científico de por qué el mundo necesita un cambio urgente en la orientación del desarrollo, a 20 años desde la Cumbre para la Tierra de Río de 1992.

El GEO 5 pone de relieve no solo la gravedad de los cambios ambientales y las dificultades que están surgiendo en todo el mundo, sino que también muestra que, en demasiadas esferas, el cambio ambiental se está acelerando y empujando al planeta hacia unos puntos de inflexión.

El GEO 5 representa la evaluación más fidedigna de las Naciones Unidas sobre el estado, las tendencias y las perspectivas del medio ambiente mundial. Dicho informe, junto con el proceso consultivo a nivel mundial sobre el que se sustentan sus conclusiones, ofrece a los gobiernos y las sociedades, en la víspera de Río+20, la visión científica que puede potenciar un cambio ambiental positivo como contribución al logro del desarrollo sostenible.

Este Resumen del GEO 5 para los responsables de la formulación de políticas ofrece una instantánea del estado actual del medio ambiente y el desempeño mundial para alcanzar metas acordadas internacionalmente. También se destacan enfoques prometedores, respuestas y opciones de políticas capaces de respaldar una transición hacia una economía verde integradora y un siglo sostenible.

Achim Steiner

Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas y
Director Ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente


  1. Umbrales críticos
Los cambios que actualmente se observan en el sistema Tierra no tienen precedentes en la historia de la humanidad. Los esfuerzos por reducir la velocidad o la magnitud de los cambios – incluyendo una mejora en la eficiencia de los recursos y medidas de mitigación – han dado resultados moderados pero no han conseguido revertir los cambios ambientales adversos. En los últimos cinco años no han disminuido ni la escala de los cambios ni su velocidad.


A medida que se han ido acelerando las presiones de los seres humanos en el sistema Tierra nos hemos acercado a varios umbrales críticos mundiales, regionales y locales, o los hemos superado. Una vez que se hayan cruzado esos umbrales, es probable que ocurran cambios bruscos y posiblemente irreversibles en las funciones que sustentan la vida del planeta, que traerán importantes consecuencias negativas para el bienestar humano. Un cambio brusco a escala regional se puede observar, por ejemplo, en el colapso de los ecosistemas de lagos y estuarios de agua dulce como consecuencia de la eutrofización; un ejemplo de un cambio brusco e irreversible es el derretimiento acelerado de la capa de hielo del Ártico, así como el deshielo de los glaciares, debido a la amplificación del calentamiento global.


Las consecuencias de los cambios complejos y no lineales en el sistema Tierra ya están teniendo graves consecuencias para el bienestar humano, como son:

factores múltiples e interrelacionados, como sequías
combinadas con presiones sociales y económicas,
que afectan la seguridad humana;

aumento de la temperatura media por encima de
ciertos umbrales en determinados lugares, lo que
ha tenido importantes consecuencias en la salud
humana, como un aumento de los casos de malaria;

aumento de la frecuencia y la gravedad de fenómenos
climáticos, como inundaciones y sequías, a niveles
sin precedentes que afectan tanto el capital natural
como la seguridad humana;

variación cada vez más rápida de la temperatura
y aumento del nivel del mar que influyen en el
bienestar humano en determinados lugares. Por
ejemplo, repercuten en la cohesión social de
muchas comunidades, entre otras las comunidades
indígenas y locales; el aumento del nivel del mar
supone una amenaza para algunos bienes naturales
y la seguridad alimentaria de los Pequeños Estados
Insulares en Desarrollo; y

considerable pérdida de diversidad biológica y
extinción constante de especies que repercute en la
prestación de servicios de los ecosistemas, como el
colapso de una serie de actividades pesqueras y la
pérdida de especies utilizadas con fines medicinales.


La perspectiva de mejorar el bienestar humano depende decisivamente de la capacidad de los individuos, los países y la comunidad internacional para responder a los cambios ambientales que aumentan los riesgos y reducen las oportunidades para el fomento del bienestar de la humanidad, en particular los esfuerzo por erradicar la pobreza entre las poblaciones pobres y vulnerables.

Debido a la complejidad del sistema Tierra, las respuestas a estos cambios deben centrarse en sus causas fundamentales, las fuerzas motrices del cambio ambiental, más que solamente en las presiones o síntomas.



2. La formulación de políticas con base empírica exige un mayor número de datos confiables

La falta de datos cronológicos confiables y sistemáticos sobre el estado del medio ambiente obstaculiza sobremanera la posibilidad de aumentar la eficacia de las políticas y programas. Además, imposibilita el seguimiento sistemático de muchas de las fuerzas impulsoras del cambio ambiental y sus impactos. Todos los países deberían comprometerse a vigilar y evaluar su propio medio ambiente e integrar la información social, económica y ambiental para sustentar en esa información los procesos de adopción de decisiones. Debido a la necesidad de contar con enfoques estandarizados para la recopilación de datos, se debe fortalecer la cooperación internacional y la creación de capacidades para la recopilación de datos. Asimismo es fundamental mejorar el acceso a la información.


3. El deterioro ambiental pone de manifiesto que las metas acordadas internacionalmente solo se han logrado parcialmente

Muchos instrumentos subnacionales, nacionales e
internacionales ya disponibles están contribuyendo a la
mejora del medio ambiente. No obstante, hay indicios
de que muchos lugares siguen deteriorándose y de que
la mayoría de los problemas ambientales mundiales
examinados en la quinta evaluación de Perspectivas
del Medio Ambiente Mundial siguen verificándose.
Para cuestiones tales como las vías de exposición y
los efectos de los productos químicos, así como las
tendencias observadas en la degradación de la tierra,
una mejor comprensión podría conducir a respuestas
más acertadas. Para otros, como la reducción de
las concentraciones de partículas en la atmósfera
se necesita una aplicación más sistemática de los
instrumentos disponibles.


Atmósfera
Algunas cuestiones relativas a la atmósfera se han
resuelto de manera eficaz utilizando diversos mecanismos
y en los casos en que se tomaron medidas efectivas
los beneficios han superado con creces los costos. Por
ejemplo, se ha avanzado mucho en el el logro de la meta
acordada internacionalmente en el Protocolo de Montreal,
de proteger la capa de ozono estratosférica (es decir, el
ozono en las capas superiores de la atmósfera). Se ha
conseguido una reducción drástica de la producción y uso
de sustancias que agotan el ozono, como resultado de lo
cual desde 1994 han mejorado en un 31 por ciento los
indicadores relativos a las sustancias que agotan el ozono
en latitudes medias, y previsiblemente se han evitado
unos 22 millones de casos de cataratas en personas
nacidas entre 1985 y 2100 en los Estados Unidos de
América, sin contar otros países.

En otros campos, como la reducción de materia
particulada en interiores y exteriores y las emisiones
de compuestos de azufre y de nitrógeno, los resultados
no han sido homogéneos. El ozono troposférico (es
decir, el ozono en las capas inferiores de la atmósfera)
sigue siendo un problema importante cuya solución
está resultando difícil. En algunos lugares de África,
Asia y América Latina, donde los niveles de material
particulado atmosférico en las zonas urbanas siguen
siendo muy superiores a los recomendados en las
directrices internacionales, existe un alto grado de
preocupación. De modo parecido, el fenómeno de la
calima de polvo que se da en Oriente Medio también
suscita preocupación. Una mejor información sobre la
calidad del aire local podría ayudar a sensibilizar a la
opinión pública sobre este asunto.

La meta acordada internacionalmente de evitar los
efectos negativos del cambio climático representa para la
comunidad mundial uno de los desafíos más importantes y
pone en peligro el logro de los objetivos de
desarrollo en general. A medida que el aumento de los
niveles de consumo dan por tierra con los adelantos
logrados en la reducción de la intensidad del carbono
derivados de la producción y el consumo, para poder
cumplir las metas relativas al cambio climático previstas
en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre
el Cambio Climático, en las que se propone reducir las
emisiones de gas de efecto invernadero a fin de mantener
el aumento de la temperatura media mundial por debajo
de los 2° C respecto de los valores preindustriales, no
solo será necesario cumplir las promesas asumidas
sino introducir transformaciones que promuevan una
economía baja en carbono.


Además, es necesario avanzar en la elaboración y
aplicación de planes de acción nacionales sobre
el cambio climático, entre ellos planes de acción
nacionales para la adaptación y medidas de mitigación
apropiadas desde el punto de vista nacional. Las medidas
complementarias para hacer frente a los forzadores
climáticos de vida corta, como son el carbono negro, el
metano y el ozono troposférico, que son contaminantes
del aire que también contribuyen al calentamiento del
planeta, pueden disminuir de una manera costo-efectiva
el ritmo de aumento de la temperatura a corto plazo y, al
mismo tiempo, reducir los riesgos que se plantean para la
salud humana y la producción de alimentos.


Tierra
La presión sobre los recursos del suelo del planeta
ha aumentado en los últimos años. El crecimiento
económico ha tenido lugar a expensas de los recursos
naturales y los ecosistemas; debido a los incentivos
perjudiciales, es probable que solo la deforestación y
la degradación de los bosques supongan un costo para
la economía mundial incluso superior a las pérdidas
derivadas de la crisis financiera de 2008. Se acepta de
de manera creciente que la mejora del recurso suelo y
su manejo sostenible para prevenir la degradación de
tierras, incluyendo la erosión, es una meta importante,
y existen muchos ejemplos de progresos reales. Los
esfuerzos coordinados en la Amazonía brasileña han
demostrado que políticas innovadoras de monitoreo
de los bosques, tenencia de la tierra y cumplimiento
de las leyes, junto con iniciativas impulsadas por los
consumidores, pueden tener un efecto significativo a la
hora de reducir el ritmo de la deforestación.
Algunos sistemas de silvicultura y agrosilvicultura, así
como los esfuerzos por reducir la conversión de tierras
para otros usos, son ejemplos que pueden ayudar a
mantener y mejorar el almacenamiento de carbono en
el suelo y contribuir a la conservación y la utilización
sostenible de la diversidad biológica. Una gestión de
los bosques apropiada podría incluir la regeneración
natural de los bosques degradados y la reforestación,
con lo que se regularía la conversión de áreas forestales
hacia fines no forestales mediante mecanismos globales
de forestación compensatoria y la adopción de prácticas
agrosilvícolas. Los esfuerzos por comprender mejor los
servicios que prestan los ecosistemas derivados de
los diversos usos de la tierra, así como la valoración
del capital natural, se encuentran en una etapa inicial y
deben fortalecerse.


En general, sin embargo, los problemas son graves y los
éxitos relativamente pocos. El ritmo al que se pierden los
bosques, especialmente en los trópicos, sigue siendo
alarmantemente elevado. El crecimiento de la población,
el desarrollo económico y los mercados mundiales son
importantes impulsores del cambio que, en conjunto,
intensifican la presión sobre la tierra incrementando la
demanda de alimentos, piensos, energía y materias primas
(gráfico 3). El crecimiento simultáneo de la demanda
está provocando la conversión de los usos de la tierra, la
degradación de la tierra, la erosión del suelo y el aumento
de la presión sobre las áreas protegidas. La necesidad de
mejorar la productividad agrícola como consecuencia, por
ejemplo, del crecimiento de la población, y de compensar
la pérdida de tierras cultivables frente a la urbanización,
la construcción de infraestructuras y la desertificación
ha de sopesarse teniendo en cuenta los posibles costos
ambientales. Al adoptar decisiones relativas al uso de
la tierra a menudo se ignora el valor no comercial de los
servicios que prestan los ecosistemas y se pasan por alto
los límites biofísicos de la productividad, incluidas las
tensiones adicionales que el cambio climático produce
en las zonas productivas. Muchas intervenciones
encaminadas a proteger los ecosistemas han fallado
también en lo que se refiere a entablar una relación
adecuada con las comunidades indígenas y locales y
con el sector privado, o a tener en cuenta los valores
locales. Además, no siempre es fácil compatibilizar un
enfoque integrado de la conservación y el desarrollo con la
legislación local sobre el uso de la tierra.

Con todo, existe la posibilidad de crear más sistemas
sostenibles de gestión de la tierra. Las políticas relativas
a la tierra, como el pago por los servicios prestados por
los ecosistemas (PSA) y la gestión integrada basada en
los emplazamientos, constituyen algunas de las esferas
más activas de innovación en el ámbito normativo.
Para que esas medidas puedan ampliarse, es necesario
corregir algunas deficiencias:

los datos y las actividades de supervisión son
claramente insuficientes; y

se necesita establecer objetivos claros y tangibles,
acordados a nivel internacional, en relación con
la tierra, ya que la mayoría de los que existen son
imprecisos y no pueden cuantificarse.


Agua dulce
El mundo está en camino de alcanzar el Objetivo de
Desarrollo del Milenio (ODM) sobre el acceso al agua
potable, pero no el del saneamiento —2.600 millones
de personas siguen sin tener acceso a servicios básicos
de saneamiento— y se han hecho algunos adelantos
en el cumplimiento de las metas de eficiencia del agua.
Pese a esos adelantos, preocupa el hecho de que en
muchas regiones ya se haya alcanzado o superado el
límite de sostenibilidad de los recursos hídricos, tanto
respecto de las aguas superficiales como subterráneas,
que la demanda de agua siga aumentado y que el
estrés hídrico que afecta tanto a las personas como a la
biodiversidad se esté intensificando rápidamente. La
extracción mundial de agua se triplicó en los últimos
50 años; los acuíferos, cuencas hidrográficas y
humedales cada vez corren más peligro pero a menudo
no se los supervisa y gestiona como debiera. Entre
1960 y 2000 se duplicó con creces la velocidad a la
que estaban disminuyendo las existencias mundiales
de aguas subterráneas. Hoy en día, el 80 por ciento de
la población del mundo vive en zonas que están muy
amenazadas por la seguridad del agua, en las que 3.400
millones de personas, casi en su totalidad en países
en desarrollo, son las más gravemente afectadas. Se
calcula que para 2015 unos 800 millones de personas
no tendrán acceso a un abastecimiento de agua
mejorado, a pesar de que la mejora de los servicios de
saneamiento y de abastecimiento de agua potable sigue
siendo una manera económica de reducir la mortalidad
y las enfermedades provocadas por el agua. En muchos
países no se llevan a cabo la recolección de datos, la
evaluación y monitoreo de los recursos hidrológicos, de
la disponibilidad y calidad del agua, cuya importancia
para la gestión integrada de los recursos hídricos y el
desarrollo sostenible es fundamental. Se trata de una
labor que debe mejorarse.

El agua, la energía, el desarrollo socioeconómico y el
cambio climático están íntimamente ligados entre sí.

Por ejemplo, la utilización de fuentes tradicionales de
producción de energía provocan un aumento de las
emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio
climático que contribuyen a la escasez de agua, los
fenómenos climáticos extremos tales como inundaciones
y sequías, el aumento del nivel del mar, y la pérdida de
hielo glaciar y de los mares polares. Las respuestas al
cambio climático, entre ellas el fomento de fuentes de
energía que disminuyan la huella de carbono, también
pueden repercutir en el medio ambiente acuático. La
producción de energía hidroeléctrica puede contribuir a la
fragmentación de los sistemas fluviales, mientras que la
construcción de determinadas infraestructuras de energía
solar consume cantidades importantes de agua, a menudo
en entornos áridos que ya de por sí experimentan escasez
hídrica. A medida que aumente la escasez de agua,
algunas regiones se verán obligadas a depender en mayor
medida de la captación de agua y el manejo de cuencas
hidrográficas. Puede que la desalinización también
contribuya, pero en la actualidad su aplicación requiere
grandes cantidades de energía, recursos financieros y
humanos, además de asistencia técnica.

Es necesario utilizar el agua de manera más eficiente.
El 92 por ciento de la huella hídrica mundial total guarda
relación con la agricultura. La eficiencia del riego y la
reutilización del agua podrían mejorar en alrededor de un
tercio, sencillamente aplicando la tecnología disponible.

Asimismo, la prevención y reducción de la
contaminación de las aguas, tanto de fuentes localizadas
como difusas, también son medidas fundamentales para
mejorar la disponibilidad de agua para usos múltiples.

A pesar de los importantes avances conseguidos en la
gestión integrada del agua en los últimos 20 años, la
presión cada vez mayor en el suministro y la utilización
del agua debe compensarse con una aceleración de las
mejoras en la gobernanza a todos los niveles.

Océanos
Con el fin de proteger el medio ambiente marino
de la contaminación se han establecido una serie
de convenios, protocolos y acuerdos mundiales,
regionales y subregionales. Estos instrumentos también
fomentan una utilización integrada y sostenible de los
recursos marinos y costeros, así como la gestión del agua
basada en los ecosistemas.

A pesar de los acuerdos mundiales existentes no
cesan las señales de la degradación. Por ejemplo, el
número de zonas costeras eutróficas ha aumentado
considerablemente desde 1990: al menos 415 zonas
costeras han dado signos de una eutrofización grave y de
ellas solo 13 se están recuperando. Las notificaciones
de brotes de intoxicación paralítica por mariscos,
por ejemplo a causa de la toxina producida por las
floraciones de algas en aguas eutróficas, han aumentado
de menos de 20 en 1970 a más de 100 en 2009. De los
12 mares estudiados entre 2005 y 2007, las costas del
Mar de Asia Oriental, el Pacífico Norte, el Pacífico Sur y
la región del Gran Caribe contienen el mayor volumen
de basura marina. Por el contrario, el Mar Caspio, el Mar
Mediterráneo y el Mar Rojo son los que menos volumen
tienen. La absorción excesiva de CO2 de la atmósfera
está provocando la acidificación de los océanos, que se
cierne como una gran amenaza para las comunidades de
arrecifes de coral y los mariscos. Se necesitan estudios
adicionales para comprender mejor el alcance, la
dinámica y las consecuencias de este proceso.

La gestión sostenible de las zonas costeras y los
recursos marinos, por ejemplo mediante áreas marinas
protegidas, exige la adopción de medidas a escala
nacional, una coordinación eficaz y la cooperación a
todos los niveles.


Diversidad biológica
Las áreas protegidas ahora cubren casi el 13 por ciento
de la superficie terrestre total, y hay un creciente
reconocimiento de las zonas administradas por
comunidades indígenas y locales. Sin embargo, el
hecho de que un área protegida esté aislada de las otras
sigue suscitando preocupación. Este aspecto se puede
abordar creando corredores biológicos entre las áreas
protegidas. Actualmente está protegida menos del 1,5
por ciento de la superficie marina total, mientras que el
objetivo acordado a nivel internacional en las Metas de
Aichi para la Diversidad Biológica, del Convenio sobre la
Diversidad Biológica es proteger el 10 por ciento de las
zonas costeras y marinas para el año 2020.
Se han adoptado políticas y normas y tomado medidas
para minimizar la presión sobre la diversidad biológica,
entre otras, la reducción de la pérdida de hábitat, la
conversión de tierras, la carga de contaminación y
el comercio ilícito de especies amenazadas. Dichas
medidas también promueven la recuperación de
especies, la recolección sostenible, la restauración de
hábitats y la gestión de las especies exóticas invasivas.


No obstante, la pérdida sustancial y constante de
especies contribuye al deterioro de los ecosistemas.
Hasta dos tercios de las especies en algunos taxones
están amenazadas de extinción; las poblaciones de
especies están en declive, desde 1970, las poblaciones
de vertebrados han disminuido en un 30 por ciento;
y desde 1970 la conversión y la degradación
han provocado una reducción del 20 por ciento en
algunos de los hábitats naturales. El cambio climático
tendrá repercusiones profundas en la biodiversidad,
particularmente si va acompañado de otras amenazas.
La pérdida y la degradación del hábitat, por ejemplo
como consecuencia de prácticas agrícolas no sostenibles
y el desarrollo de infraestructura; la explotación no
sostenible; la contaminación y las especies exóticas
invasivas siguen siendo las amenazas predominantes
para la diversidad biológica terrestre y acuática. Todas
ellas contribuyen a un declive de los servicios de los
ecosistemas, lo cual puede suponer una inseguridad
alimentaria creciente y poner en peligro la reducción de la
pobreza y la mejora de la salud y el bienestar humanos.

Las Metas de Aichi para la Diversidad Biológica del
Convenio sobre la Diversidad Biológica y la entrada
en vigor del Protocolo de Nagoya sobre Acceso y
Participación en los Beneficios brindan la oportunidad
de promover un enfoque mundial concertado para
revertir el declive de la diversidad biológica. A tal fin,
sería útil ayudar a que los encargados de la formulación
de políticas tomen conciencia de la contribución
que la diversidad biológica y los servicios de los
ecosistemas representan para el bienestar humano,
así como integrar en mayor medida las políticas y las
respuestas institucionales. Entre estas medidas cabe
incluir incentivos y un compromiso efectivo con las
comunidades indígenas y locales, así como con el
sector privado.

Productos químicos y desechos
El desarrollo de la industria química ha traído muchos
beneficios que sustentan los avances en la agricultura
y la producción de alimentos, el control de plagas
de los cultivos, la industria manufacturera, una
tecnología sofisticada, la medicina y la electrónica.
Hoy en día se comercializan alrededor de 248.000
productos químicos y su producción y utilización sigue
aumentando a un ritmo rápido.
Sin embargo, algunos productos químicos representan
riesgos para el medio ambiente y la salud humana debido
a sus propiedades peligrosas intrínsecas. Es probable que
los efectos negativos sobre la salud humana y el medio
ambiente, y en consecuencia el costo de la inacción,
sean sustanciales. La gestión de los productos químicos
y los desechos se está abordando actualmente mediante
una serie de acuerdos ambientales multilaterales a
escala regional y mundial, entre otros los convenios de
Basilea, Estocolmo y Rotterdam y, desde 2006, el Enfoque
Estratégico para la Gestión de los Productos Químicos a
Nivel Internacional (SAICM). Aún así, es preciso incorporar
en dichos acuerdos un mayor número de productos
químicos de interés mundial.
El aumento de la urbanización ha contribuido a generar más
desechos, por ejemplo, desechos electrónicos en general
y desechos más peligrosos procedentes de actividades
industriales y de otro tipo. Los países de la Organización de
Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) produjeron
unos 650 millones de toneladas de desechos municipales
en 2007, que han ido creciendo en torno al 0,5-0,7 por
ciento cada año, y de los cuales entre el 5 y el 15 por ciento
eran desechos electrónicos. Hay indicios de que el destino
final de la mayoría de los desechos electrónicos es el
mundo en desarrollo y que, a escala mundial, los países
en desarrollo podrían generar el doble de los desechos
electrónicos que los países desarrollados para el año 2016.
Si bien en muchos países hay políticas para gestionar los
desechos, estas se han aplicado con éxito desigual, y la
presentación de datos sobre los desechos peligrosos ha
disminuido. Los problemas de gestión de los residuos
están destinados a aumentar ya que el reciclaje por sí
solo no basta para solucionarlos, y exceden la capacidad
de los países para hacerle frente. La prevención, la
minimización y la reducción, reutilización y reciclado de
desechos, así como la validación de los recursos, son
todos ellos aspectos que requieren atención.
Muchos países en desarrollo corren el riesgo de sufrir
vacíos reglamentarios temporales en los que los
cambios en la producción o la utilización de productos
químicos se queden al margen de la aplicación de
sistemas de control y gestión adecuados, en especial
prácticas de producción más limpias y la gestión
ambientalmente racional de los desechos.

Sin embargo, hay una marcada falta de datos para indicar si
las políticas son eficaces, dónde se plantean los problemas
más difíciles y, quizás de modo más revelador, dónde
están empeorando los problemas, pero aún no se han
detectado. En muchos países, la capacidad es inexistente
o insuficiente, en particular la capacidad técnica, incluída
la financiación, la tecnología y la infraestructura para la
gestión ambientalmente racional de los productos químicos
y desechos peligrosos. Este hecho es fuente de gran
preocupación ya que la producción de químicos se está
transfiriendo de los países desarrollados a los países en
desarrollo, y el empleo de productos químicos en los países
en desarrollo está creciendo rápidamente. Debido a la falta
de datos, no se puede saber a ciencia cierta si se están
cumpliendo los objetivos acordados a nivel internacional
en esta esfera y cómo mejorar los programas y políticas
para alcanzar estos objetivos.

Están surgiendo nuevas cuestiones, tales como los
productos químicos que perturban el sistema endocrino,
el plástico disperso en el medio ambiente, la quema a
cielo abierto, y la fabricación y el uso de nanomateriales
y sustancias químicas en los productos, que exigen la
adopción de medidas para entenderlos mejor y prevenir
daños a la salud humana y el medio ambiente.



4. Cambiar el enfoque de las políticas
Gráfico 7: Crecimiento de la población, PIB, comercio y emisiones de CO2, 1990–2008
Existen razones convincentes para considerar las
políticas y programas que se centran en las fuerzas
impulsoras subyacentes que contribuyen a aumentar
la presión en las condiciones ambientales, en lugar de
concentrarse solamente en reducir las presiones o los
síntomas ambientales. Las fuerzas motrices incluyen,
entre otros, los aspectos negativos del crecimiento de la
población, la producción y el consumo, la urbanización y
la globalización.
A menudo, estas fuerzas motrices se combinan e
interactúan. Las preocupaciones por los efectos del cambio
climático, por ejemplo, en particular la vulnerabilidad de
los cultivos y la inseguridad alimentaria, han dado lugar
a que se adopten políticas relacionadas con el clima
que incluyen mandatos para aumentar la producción
de biocombustibles como el etanol y el biodiesel.
Algunas fuerzas motrices directas e indirectas pueden
controlarse a través de medidas que traen beneficios
directos para el bienestar humano. Por ejemplo, el
aumento de la eficiencia energética para reducir las
emisiones de gases de efecto invernadero también
reduce la contaminación del aire y sus riesgos para
la salud humana, al tiempo que reduce los costos de
consumo de energía y aumenta la seguridad energética.

Debido al rápido crecimiento de las fuerzas motrices,
la complejidad de sus pautas de comportamiento y su
dinámica, y su capacidad para provocar consecuencias
inesperadas, tal vez se produzcan beneficios tangibles
mejorando las actividades de monitoreo y seguimiento
de las mismas. Cuando se dispone de un conjunto
integrado de datos básicos ambientales, sociales y
económicos, se vuelve factible evaluar con eficacia los
posibles impactos ambientales de las fuerzas motrices.


5. Aumentar la escala de las políticas y prácticas prometedoras de las regiones

En las evaluaciones regionales del GEO 5 se identificaron
respuestas e instrumentos normativos que acelerarían
el logro de las metas acordadas internacionalmente,
basadas en las mejores prácticas adoptadas con éxito en
una o más regiones, que incluían las siguientes:

Agua dulce

La gestión integrada de los recursos hídricos; la
conservación y el uso sostenible de los humedales;
la promoción de la eficiencia del uso del agua; la
medición del consumo de agua y tarifas basadas en
el uso, aplicadas a nivel nacional o subnacional; el
reconocimiento de que el agua potable y el saneamiento
son un derecho humano básico y necesario; cargas
por efluentes.

Diversidad biológica

Instrumentos de mercado para los servicios de los
ecosistemas, incluidos pagos por servicios ecosistémicos
(PSE) y la reducción de las emisiones debidas a la
deforestación y la degradación forestal (REDD+); el
aumento del número de áreas protegidas; la gestión
sostenible de áreas protegidas; la diversidad biológica
transfronteriza y corredores de vida silvestre; la
participación y gestión comunitarias; y prácticas
agrícolas sostenibles.

Cambio climático

La eliminación de subsidios perversos o perjudiciales
para el medio ambiente, especialmente a los
combustibles fósiles; impuestos a las emisiones de
carbono; incentivos forestales para la captura de
carbono; regímenes de comercio de emisiones; seguro
contra el clima; creación de capacidad y financiación;
preparación para el cambio climático y adaptación al
cambio climático, como la protección de infraestructuras
contra el clima.

Tierra

La gestión integrada de las cuencas hidrográficas; el
crecimiento inteligente en las ciudades; la protección
de tierras agrícolas más productivas y los espacios
verdes; el manejo integrado de plagas y la agricultura
sin labranza y/u orgánica; una mejor gestión forestal;
el pago por servicios ambientales (PSA) y REDD+;
agroforestería y prácticas silvopastorales.

Productos químicos y desechos

El registro de productos químicos; la responsabilidad
ampliada del productor; el rediseño del producto
(diseño para el medio ambiente); el análisis del
ciclo de vida; la reducción, reutilización y reciclado
(3erres) y la producción menos contaminante;
sistemas nacionales y regionales de tratamiento de
desechos peligrosos; control de exportaciones e
importaciones inadecuadas de desechos y productos
químicos peligrosos.

Energía

Mayor cooperación internacional en la esfera de la
transferencia y aplicación de tecnologías de ahorro de
energía; la promoción de la eficiencia energética; mayor
uso de energías renovables; tarifas preferenciales para la
compra de energía de fuentes renovables; restricciones
a los subsidios a los combustibles fósiles; zonas de
bajas emisiones dentro de las ciudades; investigación y
desarrollo, especialmente para baterías y otras formas
de almacenamiento de energía.

Mares y océanos

La gestión integrada de zonas costeras (de las cimas a
los arrecifes); áreas marinas protegidas; instrumentos
económicos, tales como el cobro a los usuarios.

Gobernanza ambiental

Participación de múltiples actores y niveles múltiples;
mayor uso del principio de subsidiariedad; gobernanza
en los niveles locales; sinergias normativas y
eliminación de conflictos; evaluación ambiental
estratégica; sistemas de contabilidad que valoran el
capital natural y los servicios de los ecosistemas; mejor
acceso a la información, la participación y la justicia
ambiental; fortalecimiento de la capacidad de todos
los agentes; mejores sistemas de monitoreo y fijación
de metas.

Sin embargo, cada región llegó a la conclusión de que,
incluso si las políticas que aparentemente proporcionan
buenos resultados se aplicaran más extensamente,
existe una confianza baja de poder revertir algunas
de las tendencias mundiales actuales perjudiciales
para el medio ambiente. No caben dudas de que
hacen falta enfoques innovadores. Además, por un
lado es preciso saber elegir las políticas pero, por
otro, lo que se necesita cada vez más es ocuparse
de las fuerzas motrices subyacentes en lugar de
hacer frente a los impactos de la degradación del
medio ambiente. Las políticas regulatorias, aquellas
basadas en información y en el mercado que realmente
cambian el comportamiento humano y empresarial
pueden convertirse en verdaderos impulsores de
un cambio transformador. Asimismo, muchas de las
políticas analizadas tuvieron éxito, en parte, debido al
contexto local o a que existía un entorno propicio. De
ello se desprende, por lo tanto, que la transferencia
y la reproducción de las políticas en otros contextos,
a pesar de ser un enfoque que por lo general es
observado, exige siempre un examen previo cuidadoso
su sostenibilidad antes de la implementación.


6. Respuestas innovadoras: una oportunidad para la cooperación

El GEO 5 identifica una selección de metas y objetivos
acordados internacionalmente que responden a la
necesidad de mejorar el bienestar humano en todo
el mundo protegiendo y utilizando, al mismo tiempo,
procesos ambientales que sustentan la vida. Para lograr
estos objetivos y metas para el desarrollo sostenible
hacen falta más respuestas innovadoras en todos los
niveles, ya que la reproducción y el aumento de escala
de las políticas actuales no serán suficientes. Los
estudios que se han llevado a cabo sobre los escenarios
de sostenibilidad existentes muestran que para cumplir
los objetivos establecidos son necesarias, por un lado,
soluciones normativas a corto plazo y, por otro, medidas
estructurales a largo plazo.

Las respuestas a nivel local, nacional e internacional
interactúan y generan un cambio incremental,
estructural y de transformación. Como no existe una
solución universal para la degradación del medio
ambiente, hace falta aplicar diversas respuestas
adaptadas a cada circunstancia que atiendan a las
distintas necesidades regionales. Ahora bien, en áreas
de interés común a escala mundial, la coordinación,
la participación y la cooperación son fundamentales
para alcanzar en forma conjunta los objetivos y metas
acordados internacionalmente y, al mismo tiempo,
paliar las carencias de capacidad de diversos países.
Para que las medidas adoptadas a nivel submundial
sean efectivas, podrían aprovechar las cuatro
perspectivas estratégicas derivadas de la nueva
comprensión científica de los procesos de transición
en sistemas socioecológicos complejos:

una visión convincente de la sostenibilidad:
basándose en objetivos y metas, así como en los
conocimientos científicos. La sociedad en todos
los niveles debe comprometerse en un esfuerzo
por definir visiones de un futuro sostenible y lo que
es necesario para emprender el camino hacia una
transición viable;

cambiar lo insostenible: la introducción de nuevas
medidas innovadoras que respeten una visión y el
camino hacia la sostenibilidad debe ir acompañada
de medidas para identificar y reorientar o revertir las
políticas que no son sostenibles;

ejercer influencia: para una transición exitosa
será necesaria una gran diversidad de medidas
que: fortalezcan una mentalidad de sostenibilidad
en la sociedad mediante la educación y la
sensibilización; cambien las reglas y los
incentivos para promover prácticas sostenibles;
y den lugar a comentarios sobre su aplicación y
a partir de estos generen los ajustes necesarios
en los procesos físicos y las estructuras de las
organizaciones para mantener a niveles aceptables
las presiones ambientales;

la gestión y la gobernanza adaptables: los gobiernos
y otras entidades necesitan una mayor capacidad
para gestionar complejos procesos de transición a
través una vigilancia, aprendizaje y corrección del
curso continuos para reducir los costos que implica
la no consecución de los objetivos acordados a
nivel internacional.

La obtención de resultados requiere una combinación
de tecnologías, inversiones, gobernanza y medidas de
gestión, conjuntamente con patrones de producción
y consumo sostenibles. Una economía verde con
bajo consumo de carbono y eficiente en el uso de los
recursos en el contexto del desarrollo sostenible y la
erradicación de la pobreza, con un apoyo adecuado
para el desarrollo de innovación ambiental, ofrece
grandes oportunidades ambientales y económicas
para la conservación del medio ambiente, la creación
de nuevos puestos de trabajo, la reducción de los
costos de producción y el fortalecimiento de la
competitividad. Las nuevas medidas solo tendrán éxito
si van acompañadas de un cambio o reorientación de
las políticas que han dado resultados insostenibles.
Las transformaciones de tal complejidad requieren un
proceso de transición gradual pero constante. Durante
este proceso será necesario hacer un seguimiento
adecuado de la repercusión de las respuestas para,
si fuera necesario, adoptar medidas correctivas para
no desviarse del camino hacia el cumplimiento de los
objetivos y metas acordados internacionalmente. Al
mismo tiempo, es importante fortalecer las condiciones
estructurales – prestar apoyo a la creación de
capacidad y crear un entorno propicio en consonancia
con la visión de un mundo sostenible.

Un enfoque basado en los resultados para fomentar
el bienestar de los seres humanos y la sostenibilidad
incluye, además de otras cosas:

Construir metas ambientales y monitorear sus
resultados en el contexto del establecimiento de
metas de desarrollo sostenible
No cabrá posibilidad de formular es de suma
importancia que la formulación de metas de desarrollo
sostenible tome en cuenta las lecciones aprendidas
con los ODM. Las métricas deberían registrar el
progreso hacia la sostenibilidad, fortalecer la rendición
de cuentas y facilitar el aprendizaje. Esos objetivos
también podrían servir de orientación para una
hoja de ruta de las inversiones del sector público y
privado para una economía verde e integradora que
estimule el desarrollo económico y la creación de
empleo mediante el uso sostenible de los ecosistemas
y recursos naturales, así como las inversiones en
infraestructura y tecnología. Se podría investigar la
posibilidad de establecer nuevas metas, relacionadas
con los factores críticos de cambio, tales como el
consumo y la producción de alimentos, energía y agua.
El seguimiento sistemático y los exámenes periódicos
de los avances hacia el cumplimiento de los objetivos
universalmente acordados promoverían la mejora
continua y el aprendizaje social, así como la rendición
de cuentas a nivel institucional e individual.

Invertir en mejorar las capacidades y mecanismos
a nivel local, nacional e internacional para lograr
la sostenibilidad, en particular a través de una
economía verde en el contexto del desarrollo
sostenible y la erradicación de la pobreza
Para esto tal vez sean necesarios mecanismos que
faciliten la difusión de lecciones fundamentales de
política, basadas en las prioridades mencionadas
anteriormente y las aportaciones de los gobiernos y
otros interesados directos, del mundo entero, y una
mayor rendición de cuentas basada en la recopilación
de datos y la evaluación, incluido el monitoreo
financiero y revisiones periódicas. Un entorno político
estable, alianzas y el desarrollo de un entorno favorable
son la clave para desatar la creatividad del sector
privado, junto con la innovación y la cooperación
tecnológica a través de la colaboración en la esfera
de las investigaciones y el desarrollo y plataformas
para el intercambio de conocimientos. La obtención
de resultados también exigirá el fortalecimiento de las
capacidades nacionales para desarrollar, y llevar a la
práctica estrategias para combatir la degradación del
medio ambiente.

Mejorar la eficacia de las instituciones mundiales
para satisfacer las necesidades humanas evitando,
al mismo tiempo, la degradación del medio ambiente
En todo el mundo, las entidades del sistema ambiental
internacional deben transformar los modos en que
operan haciendo más esfuerzos para integrar las
consideraciones ambientales a la formulación de
políticas, planes y programas económicos, obtener
resultados a nivel subregional, regional, nacional y local,
y mejorar la coordinación y la comunicación. Se podría
contemplar la posibilidad de establecer una estrategia
para la protección del medio ambiente a nivel de todo
el sistema de las Naciones Unidas, en el contexto del
desarrollo sostenible, para mejorar la compatibilidad
de la gran diversidad de instrumentos, actividades y
capacidad, y apoyar los esfuerzos que despliegan los
Estados Miembros para ejecutar la agenda ambiental,
incluidos los acuerdos ambientales multilaterales.
Otros factores que ayudarían a lograr este propósito son
la mejora en la construcción de capacidad científiconormativa
en todo el mundo, el fortalecimiento de los
sistemas de vigilancia y recopilación de datos, así como
la comunicación específica de los descubrimientos
científicos a diversos públicos. Se prevé que en el futuro
la Plataforma intergubernamental científico-normativa
sobre diversidad biológica y servicios de los ecosistemas
(IPBES) hará una contribución importante a la interfaz
entre la ciencia y las políticas. Además, el proceso de
sinergias entre los convenios relacionados con los
productos químicos y los desechos – Basilea, Estocolmo
y Rotterdam - brinda oportunidades para una mayor
concienciación, la transferencia de conocimientos,
creación de capacidad y aplicación a nivel nacional y
debería estudiarse en mayor medida.

Datos cronológicos coherentes, recopilación de
datos y evaluaciones accesibles
Para poder hacer una valoración del capital natural
y de los servicios de los ecosistemas y formular
políticas ambientales con una base empírica hace falta
reunir regularmente datos oficiales sobre el medio
ambiente que sean oportunos, confiables, coherentes,
accesibles y pertinentes. Además, es imposible
juzgar la eficacia de las políticas o programas sin una
recopilación y evaluación sistemáticas y repetidas
de datos. La información ambiental que se obtenga
debería integrarse a los datos socioeconómicos
para su posible inclusión en las cuentas nacionales.
Además, la información es necesaria para mostrar a
los encargados de la adopción de decisiones y otros
interesados directos la manera en que se distribuyen los
presupuestos, así como para una mejor comprensión y
aprovechamiento. Los recursos financieros y la creación
de capacidad son fundamentales para poder reunir
sistemáticamente datos confiables, en particular en los
países en desarrollo. También se debería dar una gran
prioridad a fortalecer la capacidad técnica, así como la
capacidad institucional para una recopilación periódica
de datos, su monitoreo y uso en los procesos normativos
y de planificación a nivel nacional.

Fortalecer la educación ambiental y la
sensibilización de las cuestiones de sostenibilidad
Para facilitar la consecución de las metas y objetivos
convenidos a nivel internacional, lograr resultados
tangibles en los planos nacional, regional e
internacional, y encuadrar las políticas y programas
ambientales para que faciliten los objetivos de
desarrollo sostenible es esencial fortalecer la educación
y crear una mayor conciencia con respecto a que las
cuestiones de sostenibilidad son una de las principales
fuerzas motrices.

Fortalecer el acceso a la información, la
participación pública en la adopción de decisiones
y el acceso a la justicia en asuntos ambientales
Para mejorar la participación y desarrollar capacidad a
nivel nacional e internacional, es fundamental contar
con la participación sustantiva de la sociedad civil,
el sector privado y otros actores pertinentes en los
procesos de formulación de políticas. La comunidad
internacional y los gobiernos en todos los niveles
podrían mejorar el acceso a la información, fomentar el
compromiso de los interesados directos para participar
en la adopción de decisiones y desarrollar la capacidad
para poder lograrlo, además de mejorar el acceso a la
justicia en asuntos ambientales con el fin de responder
a los desafíos ambientales y de desarrollo.
A pesar de los enormes desafíos, emprender un camino
que posibilite el cumplimiento de los objetivos y las
metas ambientales acordados internacionalmente
es posible y la transición ya está en marcha. Hoy en
día existen magníficas oportunidades para llevar a
una escala mayor las políticas que pueden ayudar a
revertir las tendencias ambientales negativas y reparar
las desigualdades y la insuficiencia de los marcos
institucionales en los que opera en la actualidad la
sociedad. También es imperativo que la comunidad
internacional invierta en soluciones estructurales,
desde cambios fundamentales en los valores, el
diseño y la estructura de las instituciones hasta marcos
normativos innovadores, que ayudarán a encarar las
causas fundamentales, y no solamente los síntomas,
de la degradación ambiental. Las soluciones están
al alcance, pero será necesario adoptar medidas
inmediatas, ambiciosas y cooperativas para alcanzar
las metas y objetivos acordados a nivel internacional
y, así, evitar cambios irreversibles en las funciones
que sustentan la vida del planeta y un incremento aun
mayor de los costos económicos, ambientales y para el
bienestar de los seres humanos.

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